¿Cómo responde su hígado a la infección por hepatitis B crónica?
La hepatitis B es la principal causa de enfermedad crónica del hígado y de fallecimiento en el mundo causado por enfermedades hepáticas1. Cuando una persona está infectada por la hepatitis B crónica, las células sanas del hígado resultan dañadas y forman un tejido cicatrizal, que perjudica la función de este órgano. Esto puede tener graves consecuencias, como por ejemplo:
Inflamación: cuando el hígado comienza a ser infectado por el virus B de la hepatitis sufre hinchazón de leve a moderada. La inflamación del hígado también puede provocar problemas más graves como fibrosis, cirrosis y cáncer de hígado.
Fibrosis: la fibrosis se produce cuando las células sanas del hígado son dañadas por el virus B de la hepatitis y son reemplazadas por tejido cicatrizado (tejido fibroso). En este caso, el hígado puede realizar todas las funciones normales y las personas infectadas experimentan pocos o ningún síntoma.
Cirrosis: la cirrosis se caracteriza por un daño o cicatrizado permanente y severo en el hígado, causado por la inflamación crónica que sufre este órgano. Se trata de la principal causa de cáncer hepático primario y se desarrolla en dos etapas:
- La cirrosis compensada – a pesar del daño que sufre este órgano, el hígado puede llevar a cabo su función normal. Aunque los síntomas no suelen ser demasiado graves, se pueden dar complicaciones.
- La cirrosis descompensada – se caracteriza porque el hígado sufre un daño severo, llegándose a producir el fallo hepático. La única opción de tratamiento es el trasplante de hígado.
Cáncer de hígado: Se trata de tumores malignos que se forman en el hígado. La hepatitis B es responsable en el mundo del 80% de todos los tumores primarios de hígado2.
Aunque no hay cura para la hepatitis B, existen tratamientos disponibles que pueden ayudar a revertir el daño hepático, como la fibrosis/cirrosis, así como a prevenir las complicaciones, como el cáncer y el fallo hepático.
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